SALTO, Marzo 03 (www.SaltoCiudad.com) Cuando el gobernador Daniel Scioli “inventó” la famosa Ley de Nocturnidad, creyó solucionar el problema de los jóvenes alcoholizados que pululan por la madrugada y las consecuencias que ello implica.
Mucho se habló del tema, muchos lo criticaron y el resultado es catastrófico, porque esta ley no existe. Son muy pocos los “sonsos” que la acatan.
Analizando el tema de la venta de alcohol en los comercios del ramo hasta las 21, además de que muchos lo hacen, encontramos contrasentidos, porque en el caso de las confiterías, bares, lugares donde se realizan espectáculos, etc. se vende libremente y no le piden documento a nadie.
Las pruebas están a la vista, mientras en una despensa situada a una cuadra del corso después de las 21 no le podían vender una cajita de vino a una persona que salía de trabajar de una de las fábricas que tienen horarios rotativos, en ese lugar los menores consumían cerveza y vino libremente.
Era tal el exceso, que los policías destacados en el lugar debieron intervenir muchas veces por las riñas provocadas por jóvenes alcoholizados.
Ese contraste se vive en otros lugares cercanos a confiterías o clubes la prohibición de venta de alcohol alcanza a todos los comercios, pero si se consume en esos lugares habilitados no le ponen límites.
La prohibición de venta de alcohol a menores también es burlada y no hay nadie que lo controle.
Bueno, organismos de control hay, pero la burocracia, ese mal endémico que tenemos los argentinos hace que no funcionen, porque después de Cromañón se rasgaron las vestiduras (sin ningún mea culpa), e invadieron todos los ámbitos con medidas de seguridad, pero en salto tenemos lugares públicos con pisos de madera, sin puertas de emergencia y otras anomalías.
Ya hasta tenemos hasta lugares que funcionan como pubs, con una habilitación de pizzería que siguen funcionando porque quienes controlan no tienen jurisdicción o son de otra área.
Y así todo, continuando con la Ley de Nocturnidad, los horarios de entrada, de venta de alcohol, los niveles del sonido, etc. no tienen control efectivo, o directamente no se cumplen, porque vemos gente en boletería después de las 2 de la mañana haciendo fila para entrar a una confitería céntrica.
El fracaso del intento de controlar los horarios ya lo tuvo otro gobernador que intentó cerrar los “boliches” a las 3 ó 4 de la madrugada, dejando a jóvenes acostumbrados a permanecer hasta el amanecer deambulando por las calles.
En los tiempos que vivimos se ha enquistado en nuestra sociedad una rebeldía generalizada, que parte de la desidia de la familia, porque generalmente los padres no saben donde están sus hijos.
Ese desamor, ese permisivismo mezclado con desinterés ha creado una generación “independiente” que no tolera ningún tipo de control y así llegamos a enfrentarnos con una triste realidad.